¿Cómo mejorar la formación de los trabajadores?

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La formación de los trabajadores es, sin duda, un elemento clave para aumentar la productividad y competitividad de cualquier empresa. Además, contribuye notablemente a la motivación de los empleados a la vez que mejora sus competencias profesionales.

Sin embargo, para asegurar que la formación es realmente útil para nuestra empresa, no podemos improvisar, sino que hay que planificarla adecuadamente y, sobre todo, evaluar su impacto para poder ir mejorando año tras año.

Detectar las necesidades formativas

Cuando nos planteamos la formación de los trabajadores de la empresa, debemos preguntarnos antes que nada qué objetivos queremos cumplir. Y, para ello, es imprescindible haber analizado, previamente, las necesidades formativas de nuestros equipos.

Para el análisis de necesidades formativas, existen distintos mecanismos y recursos. Se puede optar por crear un grupo de trabajo, hacer entrevistas a los responsables de cada equipo o departamento, encuestas a los trabajadores, etc.

El Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) nos sugiere el empleo de unas fichas que nos ayuden a sintetizar los factores internos y externos que contribuyen o dificultan la competitividad de una empresa, así como la implantación de un plan de formación.

Elaborar un plan de formación

Sea cual sea el método que sigamos para detectar las necesidades formativas de la empresa, tendremos que concretar un plan de formación que nos permita cubrir dichas necesidades. Un elemento fundamental en su elaboración será la formulación de los objetivos de la formación.

El SEPE nos facilita una ficha de ejemplo de cómo debería analizarse cada necesidad detectada con el fin de identificar con qué capacidades podría superarse y, por lo tanto, cuál es el objetivo que debemos perseguir con la formación. Cabe recordar, sin embargo, que no sólo debemos pensar en conocimientos teóricos (saber) y prácticos (saber hacer) sino que, en nuestro plan de formación, podemos incluir las actitudes (saber ser).

El plan de formación debe contener la definición de las acciones formativas, su duración, contenidos, destinatarios, calendario, etc.

La formación bonificada

Las empresas con trabajadores contratados disponen de un crédito destinado a su formación. Es lo que se conoce como formación programada por las empresas. La gestión de la formación bonificada se hace a través de la aplicación de la Fundación Estatal para la Formación en el Empleo (Fundae). En el año 2016, 367.770 empresas formaron a sus trabajadores mediante este sistema.

El importe de dicho crédito depende fundamentalmente del número de trabajadores de la empresa y de lo que cotizado durante el año anterior por la contingencia de Formación Profesional a la Seguridad Social.

Las formaciones se pueden impartir con los medios propios de la empresa o bien recurrir a una empresa externa que la imparta. Ello quiere decir que, en su caso, la empresa tendrá que pagar la formación a la entidad impartidora y, luego, practicar la bonificación a la finalización del curso y como muy tarde en la presentación del boletín de cotización del mes de diciembre del año en curso.

Para conocer cuál es el importe de crédito que tiene asignado nuestra empresa, podemos usar el simulador desarrollado por la Fundae.

Evaluar la formación

Como en cualquier proyecto, cuando implementamos un plan de formación debemos medir el impacto y los resultados durante su ejecución y una vez finalizado. Existen numerosos mecanismos para medir el impacto de la formación en la empresa, aunque no siempre encontramos el tiempo para desarrollarlos.

Es habitual que al terminar cada formación los alumnos respondan a cuestionarios de satisfacción del curso, pero más allá de la valoración inmediata, debería preocuparnos en qué medida la formación ha causado un cambio o mejora en los procesos de trabajo.

En ese sentido, conviene medir lo que se conoce como transferencia de la formación, es decir, el grado en que los participantes aplican lo aprendido en su puesto de trabajo, de forma generalizada y sostenida en el tiempo.

Elegir bien las aulas y los materiales

En el caso de impartir la formación con medios propios de la empresa, ya sea bonificada o no, solemos poner mucha atención a los objetivos y los contenidos de los cursos, pero no siempre prestamos la atención necesaria al espacio en el que se va a llevar a cabo la formación.

Para elegir una buena aula de formación, debemos tener en cuenta factores distintos como las dimensiones del aula, su ubicación, así como los servicios complementarios que nos ofrezca el equipamiento.

Si optamos por alquilar aulas para nuestros cursos, una buena solución es contactar con un centro de negocios que, además de la sala, nos pueda facilitar desde los equipos audiovisuales hasta servicios de coffe break.

De este modo, podremos despreocuparnos de las cuestiones logísticas y concentrarnos en los contenidos de la formación.

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