Cómo mejorar tus defensas en invierno

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Un simple resfriado, en el momento más inoportuno, puede arruinarnos un trabajo importante o dejarnos en desventaja ante cualquier reto laboral o personal. Por eso, especialmente en épocas de frío, es necesario cuidarse y reforzar las defensas para afrontar en las mejores condiciones el día a día en la oficina.

Actividad física y buena alimentación: clave para mejorar el bienestar

Si necesitamos reforzar nuestras defensas para sentirnos fuertes y rendir al máximo en nuestro trabajo, podríamos caer en la tentación de buscar soluciones fáciles y rápidas que, probablemente, no nos servirían de nada. Sin embargo, si de verdad queremos fortalecer nuestra salud para hacer frente a nuestros retos cotidianos, tendremos que ir mucho más allá y adoptar hábitos de vida verdaderamente saludables.

Uno de los principales enemigos de nuestra salud es el sedentarismo y la ausencia de actividad física, que perjudican nuestras condiciones físicas y mentales, y nos dejan más vulnerables ante cualquier enfermedad.

En cambio, una actividad física regular aporta múltiples beneficios a la salud. No solo nos ayuda a mantener un peso adecuado, sino que reduce el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, por ejemplo. Además, el ejercicio físico tiene un impacto importante sobre nuestra productividad en el trabajo dado que combatir el sedentarismo también contribuye a reducir el estrés y a mejorar la función cognitiva.

Para lograrlo, no hacen falta grandes esfuerzos. Aumentaríamos notablemente nuestro bienestar si limitáramos las actividades más sedentarias, como ver la televisión, y los hábitos menos saludables como subir en ascensor o coger el coche para trayectos que podemos hacer a pie. Las recomendaciones del Ministerio de Sanidad indican, por ejemplo, que:

  • Deberían reducirse los periodos sedentarios de más de dos horas, haciendo estiramientos o pequeños paseos.
  • Deberían hacerse al menos 150 minutos de actividad física moderada a la semana, lo que no significaría más que 30 minutos de actividad moderada unas cinco veces por semana.

Sin embargo, para mejorar de forma significativa nuestro bienestar y nuestra salud, la actividad física debe ir de la mano de una buena alimentación. Aunque cada persona puede tener necesidades distintas, en general, una buena dieta debería contemplar alimentos variados y adaptados a la actividad física que se lleve a cabo.

Igualmente, se recomienda reducir el consumo de alimentos ricos en azúcares añadidos, grasas saturadas y sal. En ese sentido, la Organización Mundial de la Salud recomienda que el azúcar no llegue al 5% de la ingesta calórica diaria.

Por ello, para empezar a cuidarnos, un primer paso importante puede ser, simplemente, reducir la presencia en nuestra dieta de los alimentos menos saludables: precocinados, procesados, bollería industrial, exceso de sal, etc.

Según un reciente estudio de ISS sobre alimentación en lugares de trabajo, una dieta saludable es una medida efectiva para mejorar la productividad y reducir el absentismo. Además, el mismo estudio advierte de que el 21% de los empleados querrían tener mejores condiciones en el trabajo respecto a la alimentación y al espacio para comer en la oficina.

Hábitos de vida saludable, estrés y productividad

Buena alimentación y ejercicio físico deben combinarse con un reposo suficiente y la eliminación de hábitos nocivos como el consumo de tabaco.

Como cualquier otra actividad de nuestra vida, nuestra actividad laboral se verá beneficiada si adoptamos hábitos de vida saludables. Sin embargo, también existen hábitos en el trabajo que pueden ser contraproducentes y afectar de forma negativa a nuestra productividad.

Una mala gestión del tiempo, un exceso de trabajo continuado o una planificación deficiente de nuestras tareas puede conllevar situaciones de estrés que poco ayudarán a nuestra productividad y mucho menos a nuestra salud.

El estrés, si se hace crónico, es un factor de riesgo importante para la salud de las personas. Por ello, para reforzar nuestro organismo, tampoco podemos olvidarnos de luchar contra el estrés, causante de consecuencias físicas importantes como trastornos digestivos, cardiopatías, aumento de la tensión arterial, dolores de cabeza…

El espacio de trabajo: una herramienta para el bienestar de los trabajadores

Ya en 2013, la OMS advertía sobre la responsabilidad de las empresas de crear ambientes de trabajo saludables, por cuestiones éticas, pero también como decisiones estratégicas. Entre los factores que influyen en los ambientes laborales saludables, la OMS identifica:

  • El ambiente físico de trabajo
  • Ambiente psicosocial de trabajo
  • Participación de la empresa en la comunidad
  • Recursos personales de salud

En ese sentido, una buena forma de reforzar nuestra salud es disponer de un espacio de trabajo bien diseñado y pensado para contribuir al bienestar de las personas que se encuentran en su interior.

Se deben considerar, por ejemplo, factores físicos como la eliminación de ruidos, vibraciones y otras molestias que pueden perjudicar el trabajo y el bienestar en una oficina. De igual modo, y en coherencia con las medidas de prevención de riesgos laborales, las oficinas deberían estar correctamente acondicionadas, evitando el exceso de calor o de frío, y estar provistas de un mobiliario que evite el trabajo en posturas incómodas. Otro elemento clave es la iluminación, que debería ser preferentemente natural.

Deporte, vida sana, alimentación variada, reducción del estrés, espacios de trabajo saludables, … Son muchos los elementos que influyen en nuestro bienestar y en nuestra salud. Algunos no están en nuestras manos, pero otros muchos dependen exclusivamente de cada persona y de su voluntad de incorporar nuevos hábitos a su vida. Las épocas invernales son un buen momento para empezar no solo porque es cuando más lo necesitamos sino también porque la rutina del trabajo puede ayudarnos a incorporar dichos hábitos en nuestro día a día.

 

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