¿Qué es un plan de contingencia?

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Las empresas se enfrentan a múltiples riesgos de seguridad y, para asegurar su continuidad, es necesario crear protocolos que faciliten su recuperación en caso de que algún incidente grave impacte en su actividad.

La necesidad de un plan de contingencia

La crisis generada por la COVID19 nos ha mostrado como nunca la vulnerabilidad de nuestros negocios ante riesgos que se escapan a nuestro control. Desde el inicio de la pandemia, en el ámbito de la seguridad laboral, se recomendaba elaborar planes de contingencia que analizaran los riesgos de contagio que generaban las actividades de cada empresa para establecer protocolos de protección de los trabajadores.

Sin embargo, existen distintos tipos de planes de contingencia y continuidad de un negocio. En general, cuando hablamos de plan de contingencia y continuidad de un negocio, nos referimos a un plan que puede subdividirse en distintos ámbitos más concretos para generar planes de continuidad específicos y adaptados a cada actividad. Así, podemos elaborar, por ejemplo, planes de continuidad TIC, específicos para el ámbito de la tecnología.

En cualquier caso, el objetivo de todo plan es el de prevenir posibles riesgos de seguridad, establecer pautas para protegerse contra ellos y, sobre todo, para poder reaccionar en caso de que se produzcan incidencias graves de tal modo que la empresa pueda recuperarse con la rapidez necesaria para no poner en riesgo su continuidad.

Fases del plan de contingencia y continuidad

Por ello, no existe un modelo estándar de plan de contingencia que valga para todas las empresas sino que este debe estar adaptado a la realidad de cada una de ellas.

Para decidir el alcance que va a tener el plan, el primer paso es identificar cuáles son los procesos o actividades críticas de la empresa, es decir, aquellas de las cuales la empresa tiene mayor dependencia y que, en caso de incidencias, podrían comprometer más seriamente la continuidad del negocio.

Una vez definido el alcance del plan de contingencia, el INCIBE define 5 fases por las que deberíamos pasar. 

 

  • Análisis de la organización, es decir, identificar todos aquellos factores que resultan importantes en nuestra actividad, dentro del ámbito del plan de contingencia: funcionamiento de procesos, análisis de impacto sobre el negocio, análisis de riesgos, etc.
  • Identificación de estrategias de continuidad que permitirían recuperar un proceso o sistema en caso de sufrir un incidente grave.
  • Respuesta a la contingencia, o implantación de las estrategias definidas en la fase anterior, lo cual incluiría un plan de crisis para evitar tanto la inacción como la toma de decisiones improvisadas susceptibles de empeorar la situación.
  • Prueba, mantenimiento y revisión del plan
  • Concienciación del personal en todo lo que tiene que ver con el conocimiento de los planes definidos.

 

En cualquier caso, el plan de contingencia y continuidad no es algo exclusivo de las grandes empresas sino que cualquier emprendedor o pyme debería poder prever los riesgos a los que se enfrenta y establecer estrategias que le permitan recuperarse en un tiempo suficiente para asegurar que su actividad podrá seguir adelante.