Cómo controlar el tecnoestrés

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Con el auge del teletrabajo durante la pandemia de coronavirus, el tecnoestrés ha alcanzado a muchos más trabajadores de lo que es habitual. Sin embargo, el tecnoestrés surge con la propia tecnología y señala los impactos negativos que puede llegar a tener en las personas.

¿Tecnoestrés, tecnoansiedad o tecnofatiga?

El tecnoestrés no es un concepto nuevo, sino que fue acuñado en los años ochenta por el psiquiatra norteamericano Craig Brod para referirse al malestar generado por la falta de habilidad para tratar con las nuevas tecnologías.

El concepto se fue ampliando para incluir cualquier impacto negativo en las personas causado por la tecnología de forma directa o indirecta. El tecnoestrés incluye, por lo tanto, un amplio abanico de variables, desde el temor al uso de las tecnologías hasta el agotamiento generado por el uso continuo de las mismas.

En ese sentido, se suele distinguir entre la tecnoansiedad y la tecnofatiga. La tecnonsiedad se refiere al malestar por el uso de la tecnología en relación con nuestras propias competencias mientras que la tecnofatiga se refiere al cansancio provocado por el uso continuado de las tecnologías y lo que se conoce como sobrecarga informativa a raíz del uso de Internet.

Cómo controlar el tecnoestrés

Durante el confinamiento a causa de la pandemia de COVID-19, muchos trabajadores se encontraron por primera vez teletrabajando, es decir, trabajando a distancia mediante el uso de medios y sistemas informáticos. Al reto de afrontar un nuevo sistema de trabajo sin apenas preparación, se añadieron todas las dificultades emocionales y de organización asociadas al confinamiento.

En esas circunstancias, se generalizó el uso de aplicaciones que tal vez muchos profesionales no habían usado nunca o lo habían hecho contando con el apoyo presencial de otras personas: videoconferencias, aplicaciones para el trabajo colaborativo, sistemas de telefonía en la nube, etc.

Por ello, las personas con menos habilidades en materia de tecnología pudieron sufrir miedo o ansiedad por depender justamente del uso de las tecnologías para el desarrollo de su trabajo.

A pesar de que la urgencia del confinamiento no dejo demasiado margen de maniobra, una de las principales estrategias para combatir este tipo de tecnoestrés es buscar formación adaptada a las necesidades de cada persona. El objetivo de la formación debe ser permitir que el profesional vaya mejorando sus competencias digitales de forma gradual y eficaz, marcándose objetivos realistas.

Sin embargo, no solamente sufren tecnoestrés las personas con menos habilidades a nivel tecnológico. La posibilidad de estar siempre conectado puede causar también tecnofatiga, es decir, agotamiento causado por el uso de la tecnología.

La comunicación a través de dispositivos móviles ha extendido la conexión al trabajo más allá de la jornada laboral, algo que, durante el confinamiento, también se vivió de forma especialmente intensa. Esta continua conexión digital puede provocar sobrecarga mental y falta de concentración, además de síntomas físicos como la fatiga visual.

Para combatir el tecnoestrés, algunas soluciones tienen que ver justamente con el concepto de desconexión digital, recogido por la Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales.

Concretamente, la normativa protege el derecho del trabajador a la desconexión digital como un medio para garantizar el respeto de su tiempo de descanso, permisos y vacaciones, así como de su intimidad personal y familiar.

Sin embargo, más allá del respeto a dicho derecho, empresas y trabajadores pueden establecer otros medios que ayuden a combatir el estrés tecnológico.

Por una parte, cada trabajador debería establecer un orden en el acceso a las distintas aplicaciones estableciendo, por ejemplo, un determinado horario para la gestión del correo electrónico o evitando el uso de elementos disruptivos, como las redes sociales.

A su vez, las empresas deberían poder proporcionar equipos informáticos actualizados y eficaces, que faciliten al trabajador el desempeño de sus funciones en la oficina. Especialmente en el caso de las empresas que empiezan su andadura, una solución eficaz es instalarse en un centro de negocios, accediendo así a todos los servicios para empresas de los que dichos centros disponen. Así, los profesionales dispondrán de dispositivos siempre actualizados y del apoyo de personal informático de soporte cuando sea necesario.

Los centros de negocios suelen proporcionar, además, zonas de descanso, servicios de cafetería, espacios comunes para reuniones formales o informales, etc. Todos estos servicios pueden facilitar en mucho que los trabajadores encuentren el equilibrio entre el trabajo y el descanso, para afrontar la jornada laboral con mayor serenidad.

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